viernes, 22 de abril de 2011

El Manija y El Tuerto

“El Manija” sacó pecho y el espejo le devolvió la imagen de un caballero, en un frac impecable. Se miró de frente, de costado, y le preguntó al “Tuerto”, que estaba parado a su lado, convenciendo al nudo de su corbata de quedarse quieto:
-¿Y Tuerto? ¿Qué tul?-
-Impecable Manija, sos una pintura- le dijo el Tuerto, y volvió a bajar la vista a la corbata celeste, que ya empezaba a hacerle caso.  
La puerta del cuarto donde estaban se abrió y apareció primero una cara muy roja y después un hombre bastante gordo en un fino traje, con bastón y una galera que se sacó para rascarse la cabeza, claramente nervioso por lo que tenía que decir: 
-Eh.. Manija, dos cositas, uno: sos una pintura, dos: no hay mas hielo-
-¡Me cacho! Había unas cuantas bolsas, ¿Qué le hicieron?-  preguntó El Manija mirándolo por el espejo.
-Y.. abrimos un fernet Manijita. Iríamos nosotros a comprar, pero ya estamos medio picados, y es fijo que nos para la yuta si nos agarra manejando. Hicimos una vaquita igual, juntamos ciento veinte pesos-

Manija agarró los billetes, bajó las escaleras seguido por su fiel amigo y testigo ante Dios, el valiente Tuerto, y se subió al auto. Camino a la estación de servicio, El Tuerto mencionó en un tono inocente que había carreras en el Hipódromo de Palermo, y quince minutos después El Manija sostenía un boleto de apuesta por $120 en una yegua que parecía venir pacientemente arreando desde atrás al resto de la tropa. Cuando El Manija tiró el cigarrillo indignado contra el piso, y El Tuerto se aflojó de un tirón el nudo de su corbata, que tanto trabajo le había costado, la Rufiana Callejera todavía no cruzaba el disco.

-Paa! Que día hoy che- dijo El Manija, pasándose un peine por el pelo engominado y guardándolo en el bolsillo del saco.
-No hay quien le escriba un tango a ésta yegua miserable. Y encima tenemos que conseguir hielo Manija-    

El Manija se acercó a su amigo y agarrándolo de los hombros le habló como cada vez que lo tenía que aleccionar en cosas de la vida:

-Tuerto, acabamos de perder la posibilidad de ganar un fangote y vos te querés conformar con hielo. Así no es che, vamos a pensar en otra cosa, a recuperar la fortuna que perdimos recién-
-En dos horas hay que estar en la iglesia: robemos la estación de servicio y de paso sacamos hielo. Y nos queda de pasada, encima.- dijo el Tuerto abriendo grande los ojos, como para que su amigo vea tanto despliegue de inteligencia.
-Tuerto, sos tan buen tipo como cauteloso. Dos atributos que no te van a llevar muy lejos- le dijo El Manija dándole un tirón de orejas y haciéndole una seña para que lo siga, mientras se daba la vuelta y caminaba a pasos agigantados.

Media hora después estaban parados en una esquina, apoyados en un farol. El Tuerto contaba unos billetes que sacaba de una bolsa de tela y El Manija fumaba, viendo a los autos de policía pasar a toda velocidad, dirigidos a un Banco que tenía un agujero en la pared y un guardia desmayado con un boleto del hipódromo en el bolsillo de la camisa.  

-¿Cuanto tenemos Tuerto?-
-Algo así como 4 mil pesos y una hora y media para el casorio- dijo poniéndose la bolsa al hombro y acomodándose el nudo de la corbata con una mano.
-Vamos a buscar hielo y te invito un trago, Tuerto, que si llego tarde hoy la gringa me mata-   


Miguel Sáenz

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