"Muerte en el hotel Alvear", titulaba la tapa del periódico más importante del país, el Ocean´s News. En menos de 24 horas ya había escuchado aquellas palabras como 100 veces. Sí, el hotel más seguro y lujoso de todo Australia, y quizás del mundo, había sido lugar de un asesinato. Y yo fui el primero en saberlo. Y cómo no iba a ser el primero si estuve ahí, en el momento del impacto. Mis ojos nunca habían sido espectadores de semejante acción, ni mi mente había registrado hasta entonces tan horripilantes imágenes. Todavía no sé si agradecerle a Dios estar vivo, porque estas últimas 24 horas fueron un verdadero infierno. No creo que pueda olvidar nunca estas imágenes. Una llamada a la recepción del hotel, una solicitud de servicio a la habitación para la suite de lujo, una anciana muy amable que recibe el pedido, gritos en la habitación de enfrente, ruidos en la puerta, una mujer de cabello lazio y ojos blancos, un hacha, una soga con manchas rojas, un cuerpo en el suelo, un chico desnutrido y ensangrentado, el teléfono sonando, una sirena, dos doctores, una camilla.... Tuve que repetirlas una y otra vez. Al policía, al doctor, al inspector, al jefe del hotel e incluso a mi familia. Todos querían saber la historia, pero yo quería desaparecer de la novela sin saber el final. Temía que todo pudiera empeorar. Mi mente estaba deteriorada, obsesiva y mis ojos igual. Todos los niños en la calle lloraban. No corrían... escapaban. Cuerpos llenos de sangre aparecían en cada esquina. No sé si voy a poder soportarlo mucho tiempo más. Mi psicólogo me dijo: "Hay que despejar la mente, pruebe escribir algo". No sé si fue el mejor consejo, porque a esta altura, había una sola historia que podía contar.
Alejandro Martín Cabrera
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