Nadina era la reina de la fiesta. Todos la amaban, Sebastián la amaba. Movía sus manos ágilmente sobre la mesa de juegos. Su vestidito blanco estaba perfectamente planchado y su pelo, dorado, caía sobre sus hombros queriendo despegarse suavemente de su cuerpo. Guiaba la conversación con facilidad, mientras servía té de mentira en sus tacitas de mentira, exhibiendo una sonrisa maliciosa.
Lucía Santilli
No hay comentarios:
Publicar un comentario