No había rastros de sangre, fibras de cabello, o ropa. Aparentemente, era el crimen perfecto; la policía no tenía la mas mínima idea de lo que había ocurrido, solo veían el cuerpo de una mujer desfigurada casi en su totalidad (y apenas reconocible) dentro de un auto que, a juzgar por el número de patente, era muy nuevo. Carolina Monroe había sido asesinada a sangre fría y pocas personas podían ser útiles para esclarecer su caso.
El agente Martínez era especialista en este tipo de situaciones: día por medio se dirigía a la morgue de la Ciudad de Buenos Aires para ver los “nuevos fiambres” como él cruelmente solía llamarlos. Amaba embarcarse en investigaciones detectivescas y fue por ello que no dudó en tomar el caso por su cuenta con el fin de descubrir quien había sido el asesino. Su juego favorito era jugar al gato y al ratón.
Había pocas evidencias: Graciela, la madre de Carolina, viuda desde hacía dos años ya que su marido había muerto de un infarto cardíaco; Marcos, el ex novio de Carolina, con quien habría terminado su relación hacía apenas dos semanas, y Antonella, su mejor amiga de toda la vida; pocas, pero no por eso poco importantes, estos vestigios fueron utilizados por Martinez para esclarecer el crimen.
El agente tuvo la oportunidad de hablar con Graciela, quien se encontraba aún, perturbada por lo que le había ocurrido a su hija. Ella le contó con lujo de detalles todo lo que Carolina había hecho el día en que la vio por última vez: que había desayunado, se fue a su trabajo, y luego se reunió con Marcos para hablar sobre temas del pasado, cosa que Carolina no quería que sucediera ya que había llegado a odiar a ese hombre con todo su corazón.
Luego, habló con Antonella quien le contó como había sido la relación entre Carolina y Marcos: ellos habían sido novios durante aproximadamente 15 años, siempre se habían llevado bien…de hecho, tenían planes de casamiento. Según Antonella, los problemas en la pareja habían empezado cuando Marcos comenzó a adquirir grandes cantidades de dinero de alguien que ella no conocía y que, con ese dinero se había comprado un auto último modelo hacía aún menos de un mes. Ella fue quien le dio la dirección del muchacho, lugar al que Martínez sabía que tarde o temprano se dirigiría.
Para Martinez ya estaba todo prácticamente esclarecido: investigó el número de patente y efectivamente el auto pertenecía a Marcos.
El agente se dirigió a la casa del joven con el fin de llevarlo detenido y confiscarle cada una de las cosas que se encontraban allí. Derribó la puerta, y en cuanto prendió la luz comenzaron los disparos: Martínez no tuvo tiempo a responder….Marcos ya se había cobrado dos vidas inocentes y se había salido con la suya…nuevamente.
María Constanza Taurozzi
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