Era una simple mañana de invierno. Carolina Monroe se despertó de un sueño muy liviano (apenas había pegado un ojo en toda la noche pensando en que esa misma tarde se encontraría con el pesado de su ex novio). Fue a la cocina de su casa y tomó el desayuno que Graciela, su mamá le había preparado como todas las mañanas.
Salió, se tomó el subte y se dirigió a su trabajo, una oficina contable que queda en pleno microcentro porteño. Toda esa jornada había estado inquieta: ella sabía que podía llegar a suceder algo con Marcos, pero nada bueno…tenía un escalofrío insoportable, como si tuviera la premonición de que algo malo iba a ocurrir.
Esa tarde, se encontró con Marcos, ella temblaba de pies a cabeza pero se mostró segura, como siempre solía hacerlo cuando debía enfrentar un problema grave…como este. Él, por su parte, se encontraba tranquilo…como si todo estuviera predicho.
Comenzaron a hablar y a discutir sobre la nueva adquisición de Marcos, ese auto nuevo que los había llevado al rompimiento de su relación de 15 años y que a Carolina le provocó uno de los mayores dolores de toda su vida. Pero Marcos seguía mostrándose tranquilo: es mas…la había invitado a pegar una vuelta en el auto, con la excusa de luego llevarla a su casa. Ella, a regañadientes, aceptó el ofrecimiento.
Comenzaron a andar y andar en el automóvil; recorrieron lugares a los que ellos habían ido cuando estaban de novios, cosa que a Carolina le provocó tristeza, y al mismo tiempo nauseas. Ya no quería recordar mas nada de él o de su relación, ella solo quería llegar a su casa, descansar y pasar tiempo con su madre.
En cuando le comunicó esto a su ex novio, el salió a la General Paz, luego al acceso oeste y luego, al medio de la ruta. Carolina no sabía que estaba ocurriendo, pero sentía mucho miedo y ganas de bajarse. Comenzaron a discutir nuevamente y la joven, en un ataque de desesperación, se arrojó del auto, estrolando su rostro sobre el pavimento. Sentía que le ardía la cara y que los brazos y las piernas no le respondían; de repente sintió mucho frío…y ya nada le importaba.
El impacto había sido demasiado fuerte y Carolina había muerto…Marcos no tuvo mejor idea que abandonar su auto allí, con Carolina encerrada en el baúl y él, con un revolver dentro de su chaleco que sabía que debía utilizar tarde o temprano. Nadie debía enterarse de lo que acababa de cometer. Definitivamente, el asesinato había salido mejor de lo que él había esperado
María Constanza Taurozzi
No hay comentarios:
Publicar un comentario