Mi nombre es Ruby y nací hace 82 primaveras. La persona recostada sobre la cama es María, a la cuál llamé así por la Virgen y porque de esa misma forma moriría también. María no es fruto del amor, como me gustaría creer, pero si de la unión de dos personas viajeras y con algún rumbo sospechoso. Tiene la enfermedad de algún señor al que se lo recuerda por haber sido un enfermo original y le arrebataron el apellido para los que le seguirían.
Es así como pasan mis días, cuidándola, observándola desde su silencio, desde su inmadurez involuntaria. Los almohadones de nuestra cama tienen delineada la forma de su nuca.
Entiendo que lo que vivo no es el orden natural de las cosas. María es pero no está. Necesito algo. Son muchos los planes ambivalentes y hasta malévolos que me sugieren el fin pero se desvanecen al desviar la mirada hacia nuestra cama.
Hoy soñé que la forma que tenían las almohadas no era la de la cabeza de mi hija, sino la de su frente, su nariz, la cama completaba su tarea de mimetizarla y hacerla desaparecer. Decidí concretarlo.
Florencia D.
El agua no la beso
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