viernes, 8 de abril de 2011

LAS COSAS TERMINAN

La media red siempre llegaba puntual, el famoso ritual de los Viernes.
Aunque escapaba a su deseo más espontaneo, siempre permanecía esa tradición.
Me gustaban las vibraciones cosmopólitas, extrañas, ajenas... desechables.
Solo podia prometer entre veladores obstruidos y sábanas dispersas. Nada más.
Había creencia hasta el final del turno. Eso es lo que no entendió Marcel, tan debil como hermosa.
Con las persecuciones sube la fiebre y se derriten las muñecas de cera. La cortesia se acaba, no hay contestación ni caridad. Uno tiene que terminar. Tal vez, por eso la maté.
Era la unica forma de recordarla: como una cifra.
Salí del hotel con un fuerte dolor de cuello y ganas de fumar. San Juan y Boedo a mis pies.
Una esquina sin rostro y donde solía exorcizar a Concepción, fragil como algunas. Subo a su departamento, esquivo los perros y hago lo mio. Mismo repertorio y sin escalofrios.
Me pide que me quede a dormir. Nunca.
Me levanto a a preparar un trago, no hay nada en la tv y tampoco en la cama.
Planteos, reproches, juegos violentos y mismo final.
El cuello me sigue doliendo, termino el JB y voy a buscar el auto que no solo no arranca sino que me recibe con una multa, la decima del mes que va a la basura, nunca confie en la pluma de un sicario.



Facundo Pedrini

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