sábado, 7 de mayo de 2011

-Fue impresionante. Esas cosas que te pasan, creo, una vez en la vida, y por más que hagas un plan detallado de cómo actuar en esos casos, nunca se cumplen como uno lo piensa.-
-Ausencia de pensamiento.-
-A causa de la adrenalina, supongo. Que no quiere decir que la adrenalina esté presente todo el tiempo, pero que haya sido disparada en algún momento cambia la manera de pensar y actuar, a  una menos racional, más instintiva.-
-Supervivencia.-
-Y… si la reproducción es la supervivencia de la especie…-
-Te doy las gracias en nombre de la especie humana y el pueblo argentino.-
-¿Qué estás para tomar?-
-Cerveza, ¿No?-
La moza que estaba esperando la orden fue a buscar dos botellas de cerveza a la barra y las dejó sobre la mesa.
-¿Ya la habías visto antes?-
Asintió con la cabeza mientras pasaba un trago.
-La había visto un par de veces antes. En el estacionamiento una vez, y me la había cruzado así nomás pero creo que ni nos saludamos.-
-¿Está bien?-
-Está muy bien.-
-Es muy fuerte la historia. Encarnaste un ideal heroico. Sentaste las bases de que “se puede”, “es posible”.-
-Creo que la base del éxito está en que se haya frenado el ascensor. De no haberse frenado es un imposible. Hay muy poco tiempo.-
-Igual, un ascensor que se frena es una situación de conflicto, que resolviste bien. Tengo un par de preguntas clave para hacerte que casi escribo en un papel para no olvidarme después de que hablamos por teléfono, pero me las acuerdo todas.-
-Pregunte amigo.-
Tomó un trago que contuvo en la boca con los labios apretados antes de tragar, ordenando su cabeza, y después de tragar preguntó:
-¿Habían hablado antes de que se frene el ascensor?-
-Sí, apenas, pero esa charla fue clave.-
-Durante esa charla, ¿Tuviste algún indicio de que había chances de que pase algo?-
-Buena pregunta. Supongo que sí, pero las charlas de ascensor son siempre mínimas, impersonales. No hay traspaso de información, a no ser del estado del clima, o el tránsito. Lo que sí busqué fue hablar de algo porque ya me la había cruzado dos veces y nunca habíamos cambiado palabras. Osea que indicio concreto, no más que el que tenemos siempre, basado un poco en la esperanza, optimismo,  cuando vemos una mina linda que nos sostiene la mirada, o nos sonríe de más. No más indicio que el que vos tenés con la moza de este bar que siempre te sonríe y te mira fijo.-
Los dos la miraron y ella sonrió y se acercó a una compañera como para decirle algo.
-¿En qué piso se frenó el ascensor?-
-En el 15, más o menos. Murió, se apagaron las luces, el tablero, pero al mismo tiempo se prendió una luz de emergencia, muy romántica.-
-¿Se asustaron?-  
-No. Típica reacción de “¡Epa!” o “¡Uh!”.-
-¿Quién habló primero?-
-Cambiamos un par de palabras así como “Y bueno…”, “¿Qué habrá pasado?”, y después hubo un silencio.-
-¿Cuánto tiempo pasó hasta el primer beso?-
-Lo puedo medir en acciones, no en tiempo. Primero me miró de una manera que me dio pie a mirarla como insinuando que no hacía falta hablar mucho, creo. Esta es una idea que me queda cómoda, y le quita valentía a un acto mío que todavía no me adjudico.-
-Creo que valentía hubo, o tacto, pero algo de crédito te llevas seguro-
-Después vino mi discurso sobre que no hacía falta rellenar el tiempo en hablar incómodamente, sobre como deberíamos saltear la parte donde nos hacemos preguntas estúpidas, que no nos interesan, por el simple hecho de no conocernos y estar clavados en un ascensor. Y lo acompañé con un acercamiento suave.-
-Fantástico-
-La mina muy piola, por suerte. Pensó unos segundos, creo, que se me pasaron rápido porque estaba bastante nervioso, o actuando bajo instinto, o irracionalmente. Pero se acercó un poco más a mí y ahí empezamos.-
-¿A fondo?-
-Sí-
-¿Ropa?-
-Quedó poca-
-¿Pollera o pantalón?-
-Pollera, tacos, camisa. Muy de oficina.-
Tomaron cerveza. Uno negó con la cabeza, el otro asintió, los dos largaron una risa y tomaron un trago más. Se recostaron en sus sillas, disfrutando el momento. Tomaron un poco mas de cerveza y volvieron a acercarse a la mesa.
-¿Cuánto tiempo estuvo el ascensor frenado?-
-Imposible que te diga cuanto tiempo. Pero fue suficiente.-
-¿Qué pasó cuando arrancó el ascensor de vuelta?-
-La verdad, momento algo incómodo. Como que no reaccionamos al principio, y ella vive dos pisos arriba de donde estábamos. Así que cuando se abrió la puerta, salimos, y como estábamos, fuimos directo a su casa. No apareció nadie en el pasillo, por suerte, aunque ya no importaba. Abrió la puerta y fuimos dejando todo desparramado hasta su cuarto. Mi saco, su cartera, zapatos. Todo suelto hasta la cama.
-¿Cómo siguió?-
-Después, como es casi ritual mío, prendí la ducha y le pregunté si tenía algo para tomar, así que busqué una botella de vino blanco y un par de copas y seguimos ahí.-
-Todavía no sabías su nombre-
-Todavía no lo sé. Hicimos un pacto con el destino. Sólo nos vamos a ver cuando nos crucemos. Algo así como eclipses erráticos. 


Miguel Sáenz

No hay comentarios:

Publicar un comentario