Chorreaba, pegajoso, hediondo… totalmente atrapante.
Caía, se escuchaba, se olía, estaba presente en todo el lugar.
Gritaba, corría, se hacía notar.
Paraba, miraba, volvía a oler, a escuchar o tratar de escuchar.
Ahí estaba, siempre presente, sofocante.
Escapar. Eso quería, escapar. Volver a escapar.
Pero, ¿a dónde esta vez? Para atrás imposible. Para adelante, tal vez, pero difícil.
Ahora además entraba agua, barro, basura.
Tal vez dejarse llevar era la mejor opción. Que el agua lo arrastre, lo lleve, y con eso ir, avanzar o morir, lo que sea, pero no ahí, fuera de allí.
Otro agujero.
¿A dónde irá? A ver…
María Sequeiros
(Segunda parte después del ejercicio contra la pared)
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